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La producción ecológica, cuestión de compromiso

 05/04/2019
Paco Casallo director general de HaciendasBio

Paco Casallo, director general de HaciendasBio.

La agricultura ecológica está experimentando en los últimos años un fuerte crecimiento en la notoriedad del mercado español. Según un estudio elaborado por Kantar Worldpanel[1], el consumo de productos ecológicos experimentó en 2017 un crecimiento del 14% frente al incremento del 2% de los productos convencionales. Se trata de una tendencia que año tras año cuenta con más adeptos. Las cifras evidencian un cambio en los hábitos de los consumidores, que exigen productos sin componentes químicos y respetuosos con el medio ambiente. Esta nueva conciencia sitúa España en el top ten de países con mayor consumo de productos ecológicos a nivel mundial con una facturación de 1.700 millones de euros anuales.

El cambio de consciencia, sumado a las nuevas exigencias de los consumidores y a la apuesta del sector para llegar a todos los hogares están permitiendo la democratización del consumo de productos ecológicos. Según el mismo estudio de Kantar Worldpanel, en la actualidad el 42% de los hogares españoles consume productos ecológicos, una cifra que se ha incrementado gracias a la entrada de esta tipología de productos en los supermercados convencionales. Aun así, las estadísticas confirman que el precio es la principal barrera.

En este contexto es importante hacer pedagogía y poner en valor que el precio que pagamos por los productos ecológicos es el precio justo y real de la agricultura, sin sobrecostes asociados como sucede con los productos de agricultura convencional.

Aunque la comparación unitaria de los precios de los productos ecológicos con los convencionales indique un sobrecoste para los primeros, la consideración de ese valor unitario a parta a los ojos del consumidor el futuro cargo que tendrán la descontaminación de los acuíferos, los tratamientos médicos o el sobrecoste de la despoblación rural que bien, nos veremos entre todos obligados a asumir.

HaciendasBio Pablo Casallo

Como ya ocurre con la gasolina y la electricidad, la aplicación de impuestos especiales sobre determinadas actividades pretende compensar a la sociedad los perjuicios que supone su producción, transporte y consumo. En este contexto, son numerosos los ejemplos que justificarían el cargo de estos impuestos especiales a las producciones de la agricultura y la ganadería convencional.

Los residuos tóxicos de los fitosanitarios contaminan los espacios vitales sobre el planeta sin entrar en casos todavía hoy no resueltos como el Lindano, la contaminación por nitrógeno del Mar Menor o las incidencias en la fertilidad masculina. La degradación de suelos y aguas supondrá un coste seguro para las generaciones futuras por el deterioro de los sistemas. Estamos disfrutando de algo que no es nuestro y perjudicando el futuro de las nuevas generaciones.

Si bien no hay duda de que por la salud presente y futura del medioambiente es conveniente el consumo de productos orgánicos, debemos considerar también el factor humano como limitante del buen desempeño de la oferta, puesto que, ante la diferencia de precios justificada en el valor real del producto, la actitud de algunos operadores puede provocar que se vendan como ecológicos productos que no lo son.

Es necesario profundizar en los procedimientos con los que la administración pública ejerce el control para evitar la estafa a los consumidores. En este sentido, es importante proponer que el control alcance la auditoria sobre los registros. La administración pública y todos los agentes del entorno agrícola debemos trabajar conjuntamente para el cumplimiento de una regulación justa que garantice la autenticidad de los productos ecológicos bajo los estándares de compromiso y transparencia.

Todavía queda mucho camino por recorrer, pero es importante tener en cuenta que actualmente España es el primer productor ecológico de Europa. Según los últimos datos de EUROSTAT, en 2017 se superó por primera vez en la historia la cifra de 2 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura ecológica. El reto que tenemos por delante es claro: no se trata de producir más, sino de producir mejor, de formar y concienciar a la sociedad para consumir más ecológico.

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