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La Fageda, modelo de emprendimiento social

 12/09/2017

Cristóbal Colón Palasí, presidente y fundador de La Fageda

La Fageda empezó en 1982. Yo soy psicólogo, vengo del mundo de la psiquiatría y la idea original de nuestro proyecto era intentar resolver una problemática que nosotros vimos cuando empezamos a trabajar en los manicomios de aquella época, en los años 70 y pocos, cuando los hospitales psiquiátricos se llamaban así, manicomios. Yo empecé a trabajar en el "manicomio de Las Delicias" en el año 72 y más tarde en el de Salt (Girona). Allí iniciamos los talleres de laborterapia y vimos una obviedad: que el trabajo puede ser una parte muy importante de la vida de las personas. Aquello fue una revolución, funcionó muy bien, pero duró muy poco porque nos dimos cuenta de que no era un trabajo de verdad, sino algo de manualidades, más propia de niños que de adultos.

Después de muchos años de trabajar en los manicomios y convencidos de que el trabajo era una herramienta fundamental en la vida de cualquier persona, pero aún más en la de aquellas personas que estaban allí cerradas seguramente de por vida, decidimos salir fuera del manicomio con una sola idea: crear trabajos reales (que no fueran como la laborterapia). Y, para crear trabajos reales, teníamos que crear una empresa real.

Nosotros lo único que teníamos claro y pienso que es parte de la explicación de nuestro éxito, es que no queríamos volver al manicomio. Cuando tú tienes claro que si fracasas deberás volver al infierno –porque sólo quien ha estado sabe que eso es el infierno- no podíamos fracasar. Nosotros teníamos muy claro que la única salida que teníamos era salir adelante.

La idea era hacer una empresa donde el trabajo y el sentido del trabajo fueran muy importantes. Pero construimos una empresa al revés, una empresa esquizofrénica, donde no teníamos proyecto. Sabíamos que queríamos hacer una empresa pero no sabíamos si queríamos hacer zapatos o qué hacer. No teníamos dinero y evidentemente nuestro personal era el más calificado de la comarca, es decir, nosotros veníamos con el know how de 25 años de manicomio. Y así empezamos.

Teníamos claro que la única manera de rescatar a estas personas que estaban en el manicomio y devolverlas a la vida era que tuvieran un trabajo y que supieran que tenían unas capacidades. Nosotros en la Fageda muchas veces decimos que somos buscadores de oro, porque tenemos que buscar lo que la gente es capaz de hacer. Cuando la gente encuentra que tiene esta capacidad, puede ponerla sobre la mesa y demostrarse a sí misma que puede hacer cosas… y entonces se operan milagros. La gente pasa de sentirse absolutamente inútil a afirmar que hace los mejores yogures del mundo o las mejores mermeladas. Nuestra vida pasa a tener un sentido.

Nosotros tenemos una empresa donde damos trabajo a todas las personas con enfermedad mental o con discapacidad intelectual de la comarca. Hemos creado una estructura empresarial viable, rentable, que está compitiendo en el mercado con Danone y Nestlé y con otras empresas multinacionales del sector. Tenemos una empresa de jardinería, donde trabajamos fundamentalmente en obra pública para los ayuntamientos de la comarca; hacemos el mantenimiento de la zona volcánica y tenemos una vaquería con 300 vacas de altísima calidad. El año 93 empezamos a hacer yogures y actualmente estamos produciendo 1.500.000 yogures a la semana que vendemos en Cataluña. Nosotros nunca hemos utilizado el hecho social como argumento de venta; la gente que compra nuestro yogur lo compra porque es el más bueno y el más caro. En intención de compra, nuestra marca es claramente superior.

Desde una perspectiva comercial, podríamos estar muy satisfechos de lo bien que hacemos los yogures. Pero lo que realmente nos llena de satisfacción es que estos yogures tan buenos los haga esta gente. Yo siempre cuento que la mejor terapia para estas personas y para todos los que formamos parte del proyecto es el éxito empresarial. Nosotros somos buenos no porque lo digamos, sino porque la gente cada día va al mercado y se acerca a una nevera y coge nuestro yogurt. Porque quiere, no porque nadie les obligue. En el acto de compra están constantemente decidiendo que quieren este yogurt.

Todo este proyecto empresarial para nosotros es muy importante. Yo no soy empresario, soy psicólogo. Lo que me interesa son las personas, pero pienso que el mundo empresarial es una herramienta fundamental para dar vida a cualquier trabajador. En el caso de los colectivos con los que trabajamos es aún más importante. Para estas personas con enfermedad mental, que normalmente no han llegado nunca a entrar en el mundo del trabajo, sentirse que son parte de un proyecto económicamente rentable y, como dicen ellos, famoso, significa que lo hacemos bien.

Esta situación de la empresa, que está reconocida porque sus consumidores cada día toman esta decisión de compra, es, de alguna manera, nuestra herramienta fundamental a nivel social. Como dice Carmen, mi mujer, que es la psicóloga, "yo estoy haciendo esto porque alguien ha pensado que podía hacerlo". Pues esta frase es un poco el reflejo de lo que nosotros hacemos. Volver a las personas la conciencia de que son capaces de hacer algo. Sabemos que todo el mundo puede hacer algo y sabemos también que no todo el mundo puede hacer lo mismo. De lo que se trata es de crear un abanico de puestos de trabajo con la intención de que cada uno pueda encontrar su lugar y pueda desarrollar sus capacidades.

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