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'La adopción del Acuerdo de París ha supuesto un antes y un después en la lucha contra el cambio climático'

 08/11/2017

Redsostal.

Entrevistamos a Valvanera Ulargui, directora general de la Oficina Española de Cambio Climático (OECC) con motivo del aniversario del Acuerdo de París.

‐ Este año se celebra el segundo aniversario del Acuerdo de París, ¿cree que con la firma de este acuerdo la sociedad y las empresas han logrado realmente concienciar de la necesidad de mejorar?

La adopción del Acuerdo de París el 12 de diciembre de 2015 ha supuesto un antes y un despuésen la lucha contra el cambio climático, no solo para la acción de los gobiernos sino muy especialmente para la movilización de actores no gubernamentales, como el sector privado y la sociedad civil, que han hecho suya la lucha contra el cambio climático. El éxito de París se debió a numerosas causas, pero una fundamental fue la presión de la sociedad para que se pusieran soluciones al calentamiento global.

Estos actores no solo demandan acciones enérgicas y decididas por parte de los gobiernos para cumplir los objetivos del Acuerdo para limitar el aumento de la temperatura, sino que se han movilizado de manera masiva, poniendo en marcha iniciativas que complementan y suman a las acciones de los gobiernos.

De esta manera, se está observando cada vez más la aparición de iniciativas concretas que impulsan nuevas fórmulas de cooperación entre el sector público, el sector privado y la sociedad civil. Esta movilización es especialmente visible en el contexto de la Agencia de Acción Global sobre Cambio Climático (Global Climate Action Agenda) que ilustra y da visibilidad a la magnitud de la movilización de los actores no gubernamentales. El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente continúa trabajando para sensibilizar al ciudadano y hacerle partícipe del importante papel que juega en la lucha frente al cambio climático y, en esta línea de acción, forma parte del grupo impulsor de la Comunidad #PorElClima.

La iniciativa, abierta a todo aquel que quiera poner su granito de arena en la lucha contra el cambio climático, tiene como objetivo fundamental pasar de la asunción de los compromisos por el clima, a la acción, a la realización de las acciones comprometidas que se traducen en reducciones efectivas de emisiones de CO2. Al mismo tiempo, la iniciativa quiere reforzar el mensaje de acción, uniéndolo al de pertenencia a la Comunidad de personas y entidades comprometidas que ya están haciendo cosas y que quieren que sus acciones tengan visibilidad para conseguir sinergias positivas.

En definitiva, tras dos años desde la adopción del Acuerdo de París, la sociedad y las empresas españolas trabajan de la mano y suman sus iniciativas individuales para frenar el mayor reto al que se enfrenta nuestro planeta. Estos tiempos récord ponen de manifiesto el compromiso político al más alto nivel a favor de una descarbonización de nuestra economía. Esta transición no tiene marcha atrás porque tiene sentido ambiental, económico y social y conlleva una responsabilidad con las generaciones futuras.

Sin embargo, los compromisos por sí solos no son suficientes. Ahora hay que ponerlos en marcha en cada uno de los 169 países que ya han ratificado el Acuerdo. La Unión Europea trabaja en el paquete legislativo que le permita cumplir con su objetivo de reducir, al menos, un 40% sus emisiones de gases de efecto invernadero en 2030, respecto a los niveles de 1990.

‐ ¿Cómo se ha avanzado en estos dos años en la lucha contra el cambio climático?

Desde la COP21 de París se ha producido una movilización internacional sin precedentes. En menos de un año desde su adopción, el 4 de noviembre de 2016, el Acuerdo de París entró en vigor gracias a la ratificación de la Unión Europea, que hizo posible que se cumplieran los criterios establecidos en el propio Acuerdo1. Esto supuso que ya en 2016 se reuniera la primera Conferencia de las Partes, que adoptó un calendario para asegurar que, en 2018, se cierran las reglas técnicas necesarias para que el Acuerdo sea plenamente operativo.

Además, se ha avanzado significativamente en la puesta en marcha de acciones sobre el terreno. La gran mayoría de los países cuentan con planes nacionales de cambio climático que identifican necesidades y prioridades para conseguir un desarrollo coherente con una senda baja en emisiones y resiliente al clima.

El anuncio de la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, en junio de este año, ha supuesto un golpe a la negociación en el contexto de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Sin embargo, ha conseguido una respuesta abrumadora por parte de distintos agentes no gubernamentales como estados norteamericanos, sector privado e inversor, sociedad civil, etc. que demuestra cómo la movilización contra el cambio climático va más allá de las decisiones gubernamentales y cada uno, dentro de sus competencias, tiene margen para trabajar. A modo de ejemplo, las ciudades, con un 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero son clave para encontrar soluciones basadas en la eficiencia energética y las energías renovables que redunden en una mejora del bienestar del ciudadano. Además, el resto de los países han dejado claro que el Acuerdo de París ha llegado para quedarse, y están trabajando para asegurar que se consiguen reducciones de las emisiones globales de gases de efecto invernadero lo más ambiciosas posibles.

‐ En cuanto al marco de trabajo establecido, ¿qué papel juega España dentro del Acuerdo de París?

España lleva ya muchos años demostrando su compromiso con la lucha contra el cambio climático, participando de manera activa en el contexto de la negociación internacional en Naciones Unidas, pero también promoviendo el entendimiento y la cooperación en el contexto de la Red Iberoamericana de Oficinas de Cambio Climático (RIOCC), que promueve un diálogo abierto y permanente entre la comunidad iberoamericana con el que generar sinergias y promover la capacitación en sectores clave para estos países, como los recursos hídricos, la salud, o las costas.

Además, España, consciente de su responsabilidad en la lucha contra el cambio climático, se ha comprometido a aumentar sustancialmente sus aportaciones anuales de financiación a países en desarrollo para luchar contra el cambio climático, hasta llegar a duplicarlas a partir del año 2020, alcanzado niveles en el entorno de los 900 millones de euros al año.

Pero no solo eso, en el ámbito doméstico, en línea con el calendario establecido en el Acuerdo de París, España cuenta con objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a 2030, en línea con el Marco 2030 de Clima y Energía de la Unión Europea. Para su cumplimiento, se han puesto en marcha una batería de medidas sectoriales y transversales que buscan conseguir una transición paulatina hacia un modelo de desarrollo bajo en emisiones y resiliente al clima. En este sentido, en estos momentos se está trabajando en el desarrollo de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética que recoja los compromisos de España en la lucha contra el cambio climático, tanto a nivel europeo como en el contexto del Acuerdo de París.

Además, conscientes de la especial vulnerabilidad de España a los impactos del cambio climático, desde el año 2006 contamos con un Plan Nacional de Adaptación. Este Plan, que se desarrolla a través de Programas de Trabajo, busca fomentar la resiliencia de los principales sectores en España, como son los recursos hídricos, las costas, el agua o los bosques, y conseguir un desarrollo coherente con los escenarios climáticos previstos, haciendo posible que España esté preparada para hacer frente a los efectos adversos del cambio climático.

‐ ¿Cómo está contribuyendo la industria alimentaria de nuestro país a lograr estos objetivos?

La lucha contra el cambio climático debe abordarse desde todos los ámbitos de la economía española. Por este motivo, es fundamental contar con el compromiso y empuje de la que es la primera rama industrial en España y que agrupa el 14,4% de las empresas del sector industrial.

En este sentido se ha constatado que la industria alimentaria española es cada vez más consciente del papel que debe y puede jugar en la lucha contra el cambio climático. Todavía hay mucho recorrido por hacer, pero es claro que la industria se está moviendo en la dirección correcta consciente de la multifuncionalidad de la agricultura. Es un sector especialmente vulnerable a los impactos del cambio climático y además clave a la hora de hacerle frente ya que no solo genera emisiones, sino que tiene la capacidad de absorber dióxido de carbono. En este sentido, hay que trabajar para que la agricultura, como sector productor de alimentos, cumpla este importante papel en un contexto marcado por la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Las medidas que se están tomando para reducir el desperdicio alimentario, o mejorar la gestión de los residuos orgánicos y aguas, así como la implantación de medidas de eficiencia energética son ejemplos de los retos ya abordados por el sector.

Este sector es además partícipe de la iniciativa del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente que da visibilidad a aquellas organizaciones españolas involucradas en el cálculo y reducción de sus emisiones, e incluso llegando a compensarlas, el Registro de huella de carbono, compensación y proyectos de absorción de dióxido de carbono.

El 32% de las organizaciones bajo la categoría de Industria manufacturera es ya una industria relacionada con la alimentación y la bebida.

‐ ¿Cómo se apoya desde la OECC a la industria alimentaria en el recorrido hacia la consecución de los ODS?

El apoyo a las empresas de la industria alimentaria se aborda desde distintos ángulos. Por una parte, en el contexto del Registro mencionado anteriormente, en un primer paso se acompaña en el proceso de identificación de las emisiones de gases de efecto invernadero de las que son responsables, para poder así actuar de manera más eficaz en su reducción. Esto se facilita a través de las herramientas que proporciona el Registro de huella de carbono, compensación y proyectos de absorción de dióxido de carbono. De igual manera, este instrumento ejerce de plataforma que da visibilidad a los esfuerzos y compromisos adquiridos por las empresas.

Por otro lado, alcanzar determinadas reducciones de gases de efecto invernadero requiere en ocasiones de incentivos que ayuden a superar determinadas barreras. La convocatoria anual de los Proyectos Clima, promovidos por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, busca precisamente ser el elemento determinante para que una empresa emprenda el camino de la reducción de sus emisiones, al proporcionar incentivos a través de la compra de reducciones verificadas de emisiones. Mediante esta iniciativa, el Fondo de Carbono para una Economía Sostenible (FES‐CO2) compra las reducciones verificadas de CO2 conseguidas por empresas españolas.

Además, en julio de este año se lanzó el nuevo Plan PIMA Adapta‐Ecosistemas que busca fomentar medidas que garanticen que los bosques, la superficie agrícola y los pastizales participen en la lucha contra el cambio climático y reduzcan su vulnerabilidad frente a sus efectos.

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