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La distribución alimentaria hace visibles las nuevas medidas medioambientales

 25/06/2020

María Martínez-Herrera, responsable de Medio Ambiente de la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (ASEDAS), la primera organización empresarial de distribución alimentaria de España. 

Hace unas semanas, el Gobierno presentó el anteproyecto de Ley de Residuos y la Estrategia Española de Economía Circular, donde se incorporan muchas de las directrices recogidas en la Directiva 2019/904 relativa a la reducción del impacto ambiental de determinados productos de plástico y en el resto de Directivas que forman el paquete sobre Economía Circular de la UE. Dichos textos constituyen la guía de la distribución con base alimentaria para realizar la transición hacia una economía plenamente circular.

La absoluta determinación de las empresas que componen el sector de la distribución de proximidad por ser socialmente responsables con el medio ambiente pasa por tener muy claro qué es realmente la economía circular y cuáles son los procesos que se deben poner en marcha para cerrar el círculo. Éste aspira que todas las materias primas que se procesan en la economía regresen en la medida de lo posible a la cadena de producción, y si no es posible, que se realice un adecuado tratamiento finalista. El futuro pasa por asumir un nuevo sistema productivo, que implica reutilizar materiales y productos cuantas veces sea posible, manteniéndolos dentro del ciclo de la economía.
 
En este proceso, debemos ser conscientes de que siempre habrá un residuo inevitable, pero éste deberá ser, de verdad, el menor y, además, debe ser recogido. Así pues, el problema no es generar un residuo, sino separarlo y tratarlo adecuadamente, para evitar que se convierta en desperdicio y que termine o se pierda en el medio ambiente. Para que esto ocurra, también es necesario tener en cuenta este proceso en el momento de diseñar el producto. Por ello, el ecodiseño cobra una gran importancia en esta década cuyos objetivos en la jerarquía de residuos son tan ambiciosos.
 
Podemos tomar el caso paradigmático de una botella de plástico para hacer su seguimiento en este proceso de la economía circular. Primero debemos pensar en su diseño, clase de plástico y su reciclabilidad -y que existan las instalaciones adecuadas y suficientes para ello-, peso, información al consumidor, transporte, etc. Cuando nos encontramos que ha llegado al final de su vida útil –en el momento en que se ha consumido su contenido-, el siguiente paso necesario es la separación, recogida y clasificación de esta botella, que ha pasado ya a ser un “material plástico”. Lo más seguro es que el mismo pueda ser recuperado para fabricar otra botella u otro objeto diferente.

Este paso es crucial para que el proceso tenga éxito. Hoy en día, en función de donde vivan, los ciudadanos tienen a su disposición hasta seis contenedores donde depositar todo tipo de residuos, desde envases hasta aceite usado pasando por desechos orgánicos. Sin embargo, la confusión todavía es grande. A la hora de introducir nuevos circuitos de reutilización, se debe dar información suficiente y cobertura a todo el territorio con tecnologías que permitan el tratamiento de los materiales tanto en cantidad como en calidad. El medio para lograrlo pasa por contar con infraestructuras de recuperación, tratamiento y reciclado de los residuos que hoy van a vertedero.

Además, las iniciativas de incorporación de envases reciclados o reutilizables deben ir acompañadas de un análisis de ciclo de vida sólido para evitar que su implantación cause una rebaja en la seguridad alimentaria o un aumento de los impactos medio ambientales debidos a consideraciones logística, de gasto energético, de uso de agua en la limpieza y desinfección, etc. En este sentido, la sociedad no puede renunciar al uso del envase como elemento de seguridad alimentaria y de información nutricional al consumidor. Por ello, las medidas que se adopten, ya contempladas en el anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos contaminados, exigen la máxima coordinación entre los distintos organismos competentes en las materias, una función que también se recoge en el anteproyecto de Ley de Residuos.

Para que este gran cambio hacia la economía circular tenga éxito cuanto antes es necesaria la implicación de todos: administraciones públicas, empresas -de toda la cadena de valor- y ciudadanos. Si uno solo de estos pilares de la economía circular falla, será muy difícil cerrar el círculo al que todos aspiramos. En el caso de la distribución con base alimentaria, podemos ser más específicos y hablar del conjunto de la cadena de valor: productores, industria, transporte, distribución y ciudadanos, sin olvidar tampoco el papel de la administración.

En lo que respecta a la distribución alimentaria, en el último año se ha producido un gran avance con respecto al uso de las bolsas para transportar alimentos y productos de primera necesidad. Hoy los consumidores tienen disponibles en la gran mayoría de los supermercados bolsas de gran variedad de materiales -papel, rafia de material recuperado, plástico compostable o mallas reutilizables- que sustituyen a las bolsas de plástico de un solo uso tanto en la línea de caja como en las secciones de servicio asistido. Detrás de estas iniciativas hay mucho trabajo de ecodiseño y también debe hacerse un trabajo de concienciación y educación al ciudadano para que sepa donde depositar cada residuo y así reutilizar la materia prima.

Si hablamos de colaboración en la cadena, no podemos dejar de mencionar otro gran ejemplo, esta vez de reutilización y reciclaje. Se trata del uso del pull de envases de plástico reciclado, que se práctica desde hace alrededor de una década en las plataformas logísticas y tiendas, y que consiste en que las mismas cajas que transportan frutas y hortalizas se usan tanto para el transporte como para la exposición en tienda. Las mismas, hacen el viaje del campo al supermercado hasta 13 veces al año y tienen una duración media de 5 años. Cuando se deterioran o se rompen, se recuperan y se devuelven al círculo de la economía en forma de material reciclable.
 
Porque las plataformas logísticas cuentan con avanzados sistemas de gestión de residuos –que permiten reducir año tras año los kilos de cartón y plástico usados- y recuperación -que hace, por ejemplo, que la gran mayoría de las bolsas reutilizables de plástico reciclado disponibles estén fabricadas con plástico recuperado en las propias cadenas-. Las altas tasas de reciclado rondan valores en torno al 80% en tiendas y plataformas logísticas.
 
Por último, la cadena también mueve ficha en el objetivo común de la sostenibilidad en los envases y productos más visibles para el consumidor. Todas ellas trabajan en sus productos de marca propia y con los proveedores –especialmente de fruta y verdura- para aplicar criterios de reducción y ecodiseño de manera que se avance hacia el objetivo de 100% reciclable o compostable. Además, muchas han dado ya pasos adelante para alcanzar las metas recogidas en la normativa, como la venta de menaje de un solo uso (platos, vasos, cubiertos, pajitas, etc.) hecho con productos biodegradables, que deberán ser desechados en el contenedor correcto.  

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